La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

José Ortega y Gasset, "El espectador"

El escritor, para condensar su esfuerzo, necesita de un público, como el licor de la copa en que se vierte. Por eso es El Espectador la conmovida apelación a un público de “amigos de mirar”, de lectores a quienes interesen las cosas aparte de sus consecuencias, cualesquiera que ellas sean, morales inclusive. Lectores meditabundos que se complazcan en perseguir la fisonomía de los objetos en toda su delicada, compleja estructura. Lectores sin prisa, advertidos de que toda opinión justa es larga de expresar. Lectores que al leer repiensen por sí mismos los temas sobre que han leído. Lectores que no exijan ser convencidos, pero a la vez se hallen en disposición a renacer en toda hora de un credo habitual a un credo insólito. Lectores que, como el autor, se hayan reservado un trozo de alma antipolítico. En suma: lectores incapaces de oír un sermón, de apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café.

Cuando no hay alegría el alma se retira a un rincón de nuestro cuerpo y hace de él su cubil. De cuando en cuando da un aullido lastimero o enseña los dientes a las cosas que pasan. Y todas las cosas nos parece que hacen camino rendidas bajo el fardo de su destino y que ninguna tiene vigor bastante para danzar con él sobre los hombros. La vida nos ofrece un panorama de universal esclavitud. Ni el árbol trémulo, ni la sierra que incorpora vacilante su pesadumbre, ni el viejo monumento que perpetúa en vano su exigencia de ser admirado, ni el hombre, que, ande por donde ande, lleva siempre el semblante de estar subiendo una cuesta —nada, nadie manifiesta mayor vitalidad que la estrictamente necesaria para alimentar su dolor y sostener en pie su desesperación.

Y, además, cuando no hay alegría, creemos hacer un atroz descubrimiento. Muy especialmente si la falta de alegría proviene de un dolor físico percibimos con extraña evidencia la línea negra que limita cada ser y lo encierra dentro de sí, sin ventanas hacia fuera, como Leibniz decía, pero sin el infinito que este hombre contento metía dentro de cada uno. Este es el descubrimiento que hacemos por medio del dolor como por medio de un microscopio: la soledad de cada cosa.

Y como la gracia y la alegría y el lujo de las cosas consisten en los reflejos innumerables que las unas lanzan sobre las otras y de ellas reciben —la sardana que bailan cogidas todas de la mano—, la sospecha de su soledad radical parece rebajar el pulso del mundo. Se apagan las reverberaciones que refulgían en sus flancos; nada suena ni resuena; las gargantas son mudas, los oídos sordos y el aire intermedio, como paralítico, es incapaz de vibrar. Lo demás es fantasmagoría, fiesta irreal de luz prendida un instante sobre las largas nubes vespertinas —pensamos. Y ya es casi un goce de nuestra falta de alegría perseguir con la mirada la espalda curva, rendida, de cada cosa que sigue su trayectoria solitaria. Y presentimos que hay dondequiera oculto un nervio que alguien se entretiene en punzar rítmicamente. En la estrella, en la ola marina, en el corazón del hombre da su latido a compás el dolor inagotable...

 

* * *

- ¿Qué, mejor?

- Psiá. Sólo psiá.

- Joder.

- Ya.

- ¿Sabía que los infelices lo son más, en función del tiempo que les sobra para llevarse la cuenta?

- Entonces a mí me pasa eso, que me sobra demasiado.

- ¿Y qué hace con él?

- Nada. Saberlo. De momento, sólo saberlo.

- Genial, también.

- Sí.

- ¿Y eso del domingo que me iba a contar?

- Nada, que fue muy gracioso. Entonces no nos dimos cuenta.

- ¿Pero qué...?

- Nada. Acordarnos de lo de papá.

- Ah, cuente, cuente...

- A lo mejor hay que ser de la familia para disfrutarlo, no sé.

- Usted dígame, y después veremos.

- Pues que estábamos comiendo, guisado de sepia, riquísimo, éramos una docena de parientes y en mitad de la comida surgió un “anoche hizo dieciocho años que se murió papá” y yo me volví hacia mamá y le dije “sí, por la noche lo recordé varias veces” y después se hizo el silencio.

- ¿Y?

- Nada, que se hizo el silencio. Nos pasamos de segundo la tortilla de alcachofas y estaba tiernísima. En su punto. En éso sí coincidimos todos.

- Así son ustedes.

- Pues se ve que sí.

- ¿Cuánta gente atareadísima conoce que ande cuestionándose su felicidad?

- ¿Otra vez? ¿Qué pregunta es esa?

- Responda, mujer.

- Yo qué sé.

- Pues piénselo, porque se le está yendo un poco la mano.

- Vale. ¿Y alguna cosa más?

- Sí. Que lleve ese vaso de café a la cocina, que no está en su sitio.

- Hecho.

Lunes, 25 de Febrero de 2008 19:45.

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Autor: La donna è mobile

El otro día le contaba a mi cuñada, que por mi hermano no sabía nada, cómo era nuestro padre. Por lo del aniversario. Y la pobre se quedaba de piedra. Ella tiene unos padres graciosísimos, que son Pili y Mili, iguales, siempre discutiendo, siempre reconciliándose, siempre dándose qué hacer el uno al otro. En fin, inseparables. Y claro, oyendo que mi padre jamás había comido a la misma mesa que nosotros, que había que servirle el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda o la cena en el sillón, pues echaba las pantorrillas al techo. Que había también que cambiarle algún vaso, si es que el que se le había llevado olía a algo (a “otro” vino, ¡a huevo!), que no se levantaba a cambiar de canal la televisión, que él se sentaba en el sillón y ahí se las daban todas, que (ay, si lo piensas, tal y como si fuese el pobre idiota, incapaz) había que prepararle, antes de la ducha, una olla de agua caliente para que se lavase la cabeza, y preparar una banqueta y una palangana dentro de la tina, abrirle los botes de champú, de crema suavizante, y después al terminar todo eso retirarlo y abrirle el gel y ponerle una toalla para que se secara, a mano, y entrar después a recoger el agua que había tirado porque no utilizaba la mampara (¿por qué?). Que cuando se cansaba de ver la televisión, la quitaba, hubiese la gente que hubiera en el salón y se acostaba con el consiguiente palmo de narices general. Que cuando te lo encontrabas por la calle siempre iba rodeado de amigos, grandísimos amigos por los que había dado la vida (y la cartera, claro), y te tocaba, te acariciaba, te pasaba la mano por el hombro, ésta es mi rubia, la más pequeña, ¡cuando ni siquiera había ido a mi bautizo porque “otra niña”! Y la exhibición, y a lo mejor con suerte unas monedas o una invitación a coca-cola en el bar Picnic. Que con su inteligencia y bondad sólo supo mirar por la gente de la calle, que nunca le faltó trabajo y fue conocido por su capacidad, inteligencia, por la calidad de cuanto hizo y que de todo eso había que enterarse por terceros, porque en casa no sabíamos nada de cuanto hacía o deshacía y sólo llegaba el eco de su personalidad, difusa e irreconocible, en algún artículo del periódico. Y mi cuñada de piedra, en el coche, y yo hablando de corrido. Porque cuando oíamos las llaves de la puerta nos echábamos a temblar, y dejábamos lo que estuviésemos haciendo para no hacer ruido, o para escondernos, no fuera a ser que nos llamara, y entonces buscábamos a mamá, y estábamos en la habitación donde ella estuviese, leyendo, cosiendo y pelando patatas. Y cuando te llamaba por tu nombre, “Rosi, ven”, te bajaba un puño de miedo por la boca del estómago a las entrañas que como supieses dominarlo, te meabas encima sólo de ir hacia él, porque no sabías nunca cómo acabaría la experiencia. Que a lo mejor no había sido un gran día en el bar Picnic y aledaños.

Qué infancia, señor. Qué destrozo.

Cuando llegamos a su casa su niña estaba dormida, Celia, y la desató de la silla del coche, en silencio, y subimos por el ascensor, en silencio, con la niña, angelito vulnerable, grabando en su memoria cinco minutos de duermevela intrascendentes, llenos de tita Rosa, de mamá, de yo viví en una casa que tenía ascensor, me adoraban. Y así. No sé.

:-)

Fecha: 27/02/2008 13:38.


Autor: emejotace

Hace poco escuché una conversación, de la que pesqué unos pocos retazos, aunque me quedara grabada en la mente una frase demoledora:

- qué tal vas? Te veo algo mejor...
- bueno, empastillada hasta las cejas...
- y?
- QUE AL MENOS NO ME DUELE LA VIDA.

Qué dura infancia, tan distinta a la que nos esforzamos por darles a nuestros hijos... Aún sin saber si la aventura de ser padres saldrá bien, el exceso de cariño nunca debería ser nocivo...
Un abrazo.

Fecha: 27/02/2008 19:22.


Autor: La donna è mobile

Gracias a Dios, eran otros tiempos. Ahora ya nos traumatizamos con muchos menos, :-)

Fecha: 29/02/2008 11:39.


gravatar.comAutor: gregorio

te invito a participar con tu blog en mi modesto blog directorio y de votaciones,te conocerán un poco mas http://aquiestatublog.blogspot.com
voy de blog en blog escogiendo los mejores y soy un particular,si consideras que esto es spam,te pido perdón
deja tu blog en el libro de visitas de mi blog,y de paso mira algo de publi,eso valora mi trabajo,gracias

Fecha: 02/03/2008 14:37.


Autor: nonwriter

Holaaa. Estoy en el sofá sentado, tecleando en mi nuevo portátil. No sé cómo he tardado tanto en comprármelo, con lo dura que es la silla del despoacho. Esto es otro mundo de confort, dónde va a parar.

Un beso

Fecha: 06/03/2008 11:40.


Autor: La donna è mobile

Ah... canalla. Ya sabía yo que algún día acabarías enseñando tu auténtica cara. Años y años escondiéndote tras esa fachada de nick bondadoso, y mira. ¡Ahora! ¡Ahora es cuando toda la blogosfera levanta la ceja y te reconoce!

Jum...

(Era cuestión de tiempo.)

((Sí.))

Fecha: 06/03/2008 12:20.


Autor: nonwriter

Y además conexión de gratis, pirateada.

Ya sólo me falta conseguir que se vean en el maldito windows vista los capítulos de Dexter que tengo bajados.

Fecha: 06/03/2008 12:57.


Autor: La donna è mobile

¿Dexter? Jajajaja.. ¿el enano?

(Ay, que me meo)

¿Qué Dexter?

Fecha: 06/03/2008 17:43.


Autor: nonwriter

Noooo, el del laboratorio y la hermana mala malísima de las coletas noo, jajajaaaaaaaaaaaaa!!!

Un psicópata con principios, que sólo mata a los malos. Creo que la van a dar en la 4, así que no te cuento nada.

(Pero el otro Dexter mola también, no creas)

Fecha: 06/03/2008 17:55.


Autor: La donna è mobile

O sea, ése también pero ¿cómo se llama el niño aquel repelente de medio metro, negro, que hacía una serie americana hace mil años?

¡Tienes que acordarte! ¡Cuento contigo!

Fecha: 06/03/2008 17:56.


Autor: nonwriter

Aaaah, tú dices Webster. Que yo me pasé años diciendo que no era un niño sino un enano adulto (esas cosas que yo digo, como que hubo dos Lady Di, que se les murió la primera y pusieron otra y de ahí el lío) y resultó que tenía yo razón (en lo del negro eneno, digo)

Fecha: 06/03/2008 18:30.


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